Este año en Costa Rica, la iglesia ha recibido una fuerte crítica en lo que respecta a las finanzas, la economía de las cabezas de la iglesia y la supuesta manipulación a través de la cual se enriquecen los pastores.
Precisamente hallé un par de versículos los cuales nos dan una excelente perspectiva sobre cómo debe ser la iglesia verdadera con respecto al dinero.
“No se trata de que otros encuentren alivio mientras que ustedes sufren escasez; es más bien cuestión de igualdad. En las circunstancias actuales la abundancia de ustedes suplirá lo que ellos necesitan, para que a su vez la abundancia de ellos supla lo que ustedes necesitan. Así habrá igualdad, como está escrito: Ni al que recogió mucho le sobraba, ni al que recogió poco le faltaba”. 2 Corintios 8: 13-15
“Vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno”. Hechos 2:45
Ahora bien, debemos preguntarnos ¿estamos aplicando este principio voluntario de entrega el cual vivió la iglesia en el libro de los Hechos? ¿O será que incluso sin darnos cuenta se desvió nuestro corazón hacia la codicia y el egoísmo? ¿Tiene derecho el mundo a juzgar la iglesia en el área de las finanzas?...Pues, derecho talvez no, pero sí razón y causa.
La iglesia verdadera, llena del Espíritu Santo, procura cubrir la necesidad emocional, espiritual, física o económica de todos. Jesús mismo nunca buscó enriquecerse y dejar a los demás en pobreza: “Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos”. 2 Corintios 8:9
Por otra parte, no entremos en ese pensamiento mediocre y miserable de creer que humildad es sinónimo de pobreza. El significado de humildad según la Real Academia Española es: “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. En otras palabras, humildad es saber caminar con lo que tengamos, sea mucho o sea poco, sean millones de dólares o sean 100 colones.
Pero es importante también dejar en claro que, la iglesia verdadera naturalmente crece, como dice en el versículo: “Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos”. Hechos 2:47. En consecuencia de este crecimiento en el número de personas, aumenta el flujo de dinero para ser invertido en el Reino de Dios, o sea, en infraestructura, herramientas, salarios, y en el cubrir toda necesidad tanto dentro de la iglesia como en el mundo.
En conclusión, procuremos diezmar y ofrendar en obediencia a Dios, pero no nos aprovechemos del pueblo para enriquecernos y dejar que los demás vivan constantemente en pobreza.
“Porque procuramos hacer lo correcto, no sólo delante del Señor sino también delante de los demás”. 2 Corintios 8:21
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