lunes, 24 de agosto de 2009

Cuando caigo...

Claro que se siente feo…caer no es agradable; fallarle a Dios no es gratificante en lo absoluto. Incluso es normal sentirse mal luego de la caída, ya que lo podemos comparar con una caída en lo natural.

Cuando tropezamos con algún objeto, y caemos fuerte, el golpe causa dolor físico no sólo en la parte del cuerpo sobre la cual caemos, sino en todo el organismo.

Resulta que en lo espiritual, las caídas también provocan un dolor no solamente en el área en la cual caemos, sino en todas las demás.

Es por eso que, caer no es nada agradable; fallarle a quien amamos no es “la mejor sensación del mundo”. Pero no podemos tapar El Sol con un dedo…todos caemos y a diario. El mismo Jesús dijo “Los tropiezos son inevitables” (Lucas 17:1).

Sin embargo, dejando “el lado malo” de caer…Es a través de nuestra debilidad que aprendemos a amar a Dios. Si no fuera porque caemos se desviaría nuestro corazón. Mientras vivamos en esta carne, en nuestro cuerpo físico y natural, no tenemos la capacidad para ser perfectos sin terminar asumiendo que no necesitamos a Dios.

Si de algo puedo estar orgulloso, es de lo débil que soy”. (2 Corintios 11:30). “Pero Dios me ha contestado: "Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad". Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí”. (2 Corintios 12:9).

Estos versículos traen esperanza a mi corazón…Realmente la misericordia de Dios nos puede levantar a pesar de nuestra imposibilidad de sostenernos solos.

Aprendamos a depender del Espíritu Santo.

“El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano”. Salmos 37:23-24

No hay comentarios: