jueves, 18 de junio de 2009

El éxito...

¿Cuál es el máximo galardón que puede alcanzar un ser humano? ¿Será un título universitario, familia, casa y carro? ¿Será ver cumplidos los sueños que propuso en su juventud?¿Será tener una buena imagen ante los demás? ¿Será caminar en la vida según su propio criterio y pensamiento?...

Realmente, el premio más grande que podríamos pretender alcanzar en nuestra existencia es regresar a Dios, quien en un inicio nos creó en el vientre de nuestra madre. Talvez para quien no haya tenido oportunidad de conocer al Espíritu Santo, sea complicado entender que la respuesta que todos andamos buscando a diario está solamente en él; sin embargo esa es la verdad en la que descansan quienes por fe han creído y luego han visto.

El objetivo de escribir estos párrafos es dejar plasmado en palabras el hecho de que, el éxito más importante es vivir cada día una relación apegada con el Espíritu Santo. Fuera de eso, se devalúan los títulos universitarios, los puestos, los rangos, las apariencias, las clases sociales, las diferencias de pensamiento, los principios, la moral, las metas y los sueños...

Si llegas a vivir hoy esa relación con el Espíritu Santo, entonces sabrás que has alcanzado lo máximo. Pero no un máximo limitado, sino todo lo contrario; realmente es todo un universo infinito, porque conocer a Dios es una aventura que jamás hubiéramos podido hallar fuera de él.

Adiós al amor por los puestos; adiós al desear ser premiados en público; adiós a nuestros sueños egoístas; adiós a creer que somos capaces en nuestra propia fuerza; adiós a jactarnos de nuestros logros; adiós a sentirnos más a causa de un rango creado por hombres...

Nuestro éxito está en ser gobernados por Dios.

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