Quiero escribir acerca de Jesucristo, porque, sinceramente, es de todos mis pensamientos, el más importante para mí.
Desde que nací fui educado en la iglesia católica, y fui creciendo con la idea de que existía un Dios, pero realmente no lo creía del todo...
Para cuando tenía 16 años ya me había declarado como ateo ante los demás, y la única sensación que provocaba en mí, la palabra iglesia, eran náuseas. Debido a que mis padres no me dejaron tomar una desición propia en esta área, sino que me obligaron sin explicarme correctamente el porqué, a asistir a la misa todos los domingos.
Luego a finales del 2004 me topé con varias personas que insistieron mucho en hablarme de Jesús, hasta el punto que eran molestos, pero yo aprendí a respetar su posición, y ellos la mía. Un día de tantos fui a una iglesia evangélica (una religión más, de las tantísimas que hay), y por primera vez en toda mi vida, pensé en Dios de manera distinta...ya no era aquella religión rutinaria que odié siempre; ahora se había convertido en algo totalmente nuevo para mí, una persona real y cercana por conocer.
Desde ese día he vivido muchas experiencias que afirman lo que aquel día sentí en mi interior...la salvación...
Hoy puedo decir que creo en que existe Dios, y que Jesús es el único camino al Padre, porque he experimentado que es real, y lo es ahora, en este momento; no es una utopía lejana que esperamos vivir algún día en el cielo...es una persona que quiere darnos vida en abundancia hoy.
Mi creencia en Dios no está basada en teoría, sino en hechos personales...pero si alguien me preguntara ¿por qué cree usted que exista Dios, y que Jesús es el único camino? Mi respuesta sería: Porque todo lo que está en la biblia y las palabras de Jesús, han provocado resultados reales en mi vida, y cada día que pasa entiendo más la veracidad de lo que se encuetra en esa serie de libros, y si fuera mentira lo que está escrito en estos, entonces no hubiera sido posible que ocurrieran experiencias totalmente reales en mí, a causa de creer.
A Dios le interesa que le conozcamos, y como una prueba para saber quiénes somos realmente, sólo permitió que llegaramos a él por medio de un método tan fácil (o difícil para nuestra mente dudosa) como lo es creer la locura, o insensatez para muchos, de que hace años, el hijo unigénito de Dios, llamado Jesús, vino a la tierra, despojándose de la gloria que le rodeaba en el cielo, para redimir al hombre del pecado, ya que no existe nadie en quién no se encuentre falla o error, debido a que, por medio de Adán y Eva todos fuimos afectados...y que, además murió y resucitó al tercer día según lo que estaba escrito sobre él en las antiguas escrituras y los profetas... pero no sólo vino a causa del pecado, sino para salvar lo que se había perdido y atrofiado: la relación entre Dios y el ser humano.
De lo más importante que he aprendido con el tiempo, es que, la vista de Dios no se detiene para observar nuestra apariencia, sino para ver el corazón, o sea, nuestro interior. Y las muchísimas religiones que existen, no son reflejo de que hay muchos dioses...sino que son la consecuencia de no conocer realmente a Jesús, y al Espíritu Santo.
Por último quiero decir que Dios no llama hijos a los católicos, o a los evangélicos, o a los musulmanes, o a las personas que integran un grupo, cualquiera que sea, en específico; sino que les dió la potestad de ser hechos hijos de Dios a los que le recibieron y creen en su nombre (refiriéndose a Jesucristo). -Jn 1:12-
martes, 10 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Claro que existe un Dios que lo perdona todo, que no juzga nadie, que nos ama, a pesar todo.
Publicar un comentario